COMISTRAJOS

”…es algo muy sencillo, lo único que tenemos que hacer es preguntarnos a nosotros mismos qué queremos, cual es de verdad nuestro objeto de pasión. – a ver tú qué quieres.? – Pero qué quieres de que?- de todo.- Pues no se, la verdad es que no lo había pensado. Pues di algo di que comida prefieres, cuáles son tus días preferidos, nombra algunos objetos queridos, recordad las secuencias de Amelie.

¿quien se ha concedido la oportunidad de coleccionar las cosas que prefiere porque sí.?”

José Ballesteros nos invitaba a dar rienda suelta a nuestras preferencias, pero a la hora de pensar, aplicamos filtros que permiten avanzar o detienen nuestros pensamientos. El sentido común es uno de ellos. Si lo que pensamos no reviste sentido, nuestro cerebro descarta la idea para no perder el tiempo.

Einstein, gran generador de suposiciones, decía que ”todo vale cuando los límites los pone la imaginación y no el sentido común.”

Convertir lo familiar en extraño, o llevar una situación estable al límite exacto de lo inestable, son estrategias que codifican los procesos que nos sirven para proyectar.

Surgen pensamientos e hipótesis, posibilidades sobre las que difícilmente habríamos pensado. La clave estaría en saber identificarlos y dedicarles suficiente tiempo para convertirlos en motores del proceso creativo. (ver próxima entrada ‘Decadente devenir de una arquitectura fetiche’, seis palabras para una tesis).

Una estrategia que aplica José Saramago para escribir algunas de sus obras:

‘Las intermitencias de la muerte’ (donde nadie muere)

‘Ensayo sobre la ceguera’ (donde todos somos ciegos)


¿Qué pasaría si escogiésemos fragmentos de arquitectura que nos interesan, que nos atraen, y los mezclásemos de forma automática sin solución de continuidad entre ellos? Esto debería hacerse sin una supuesta clasificación cualitativa sobre supuestos criterios de excelencia o importancia histórica; ¿estaríamos ante un epistrato automático? (espero elaborar una propuesta en próxima entrega)

Foucault  ya en el año 1967 habla de la era de la simultaneidad, la era de la yuxtaposición, la era de la proximidad y la lejanía, la era de la contigüidad y dispersión. Nos encontramos en un momento en el que el mundo ya no se experimenta como una gran vía que se extiende en el tiempo, sino como una red que une puntos y que entrecruza su madeja.

El estructuralismo, decía, es un intento de establecer un conjunto de relaciones entre elementos que pueden haber estado diseminados o aislados en el tiempo, un conjunto de relaciones que los haga aparecer yuxtapuestos, opuestos, recíprocamente implicados, es decir, que los haga aparecer como una especie de configuración. (más Foucault en una próxima entrega sobre arquitecturas heterotópicas pero no sé, estoy haciendo demasiadas promesas!)

Es lo que hace Mikel Urmeneta, a escala doméstica, y en su cocina.

CocinaUrmeneta

 

”Me encanta comer y me gusta todo. Disfruto probando y domesticando el paladar. Me entusiasma comer bien, pero también me encantan las mayores marranadas. He tenido la suerte de hacer amistad con grandes cocineros, conocidos y desconocidos. O sea, que en principio parece que mi cerebro debería ser muy exigente. Desde la ortodoxia gastronómica, nada más lejos de la realidad. A mí no me gusta cocinar. Me da pereza. No sé. Pero quizá, en un intento de creerme creativo en la cocina, invento platos/lata que devoro apasionadamente, refugiado en mi casa en sabrosa soledad. Sólo de vez en cuando obsequio con estos comistrajos a algún resacoso invitado. Habrá que reconocer que en la intimidad todos somos un poco cochinos, unos en unas cosas y otros en otras. ¿Por qué a veces te apetecen más unas alubias en lata en vez de caviar (ojo, también de lata)? ¿Y entonces, por qué no te puede apetecer un día comerte unas alubias blancas frías con caviar? Pues eso hago yo, y si es entre pan y pan, mejor. Eso sí, tengo un gran control sobre las marcas: un mal producto puede arruinar una de mis cochinadas predilectas. En serio.”

 

 Sandwichcomistrajo

 

Despliegue de sencillísimas recetas ‘culiordinarias’ en la “cocina-basura” de Mikel Urmeneta (padre de Kukuxumusu)

1.Bocadillo de navajas y ‘yamagobo’

Abres el pan; lo empapas un poco en aceite de oliva, una hoja de alga ‘nori’ y encima unas gotas de limón. Abres la lata de navajas y las pones en el pan, añades tres trozos de ‘yamagobo’ y pimienta molida. Cubres con el otro trozo de pan, y a disfrutar.

2. ‘Machacao’ de jamón y queso

Metes un par de lonchas de jamón serrano al micro 30 segundos, pones encima dos lonchas de queso emmental otros 30 segundos, pones todo en pan de molde con unas gotas de chili habanero, metes el sandwich entre dos servilletas y lo aprisionas con la palma de la mano hasta que el pan quede bien compacto.

3. ‘Ensalalubia’ rusa

Abres el bote de alubias blancas, lo pones en un bol y añades unos cuadraditos de jamón de york, pepinillo japonés y láminas de jengibre. Mezclas todo con mayonesa. Rica gorrinada.

4. Sacrilegio de jamón y pera

Poner entre pan y pan jamón de bellota y rodajas finísimas de pera. A veces añado sucedáneo de cangrejo.

 5. Guisantes en lata con soja y aceite

 

De mis favoritos para cuando estoy de resaca, por su supersónica preparación y sanos efectos. Abres la lata de guisantes, echas un chorrito de salsa de soja, otro de aceite de oliva, pillas una cuchara, y ya.

 

Al igual que lo gamberro nos pueden servir las propuestas más ‘científicas’ del mundo gastronómico, que implican estrategias de innovación en los procesos, que generan resultados inesperados:

 Caviar de Jerez

Caviar de Jerez

De la copa de balón a las bolitas para saborear en cucharadas. Como otros muchos productos, en un momento gastronómico en el que se funde lo salado con lo dulce y lo líquido con lo sólido, el coñac puede beberse o comerse. Gracias a la técnica de la esferificación popularizada por el Bulli, la firma Cardenal Mendoza ha elaborado un caviar Solera Gran Reserva. Las bolitas explotan en la boca y liberan un sabor intenso y vigoroso.

 

 Ternera

 

Huesos de aceituna (Andoni Luis Aduriz)

España es el principal productor de aceite de oliva del mundo. Queremos darle valor a los residuos.

Los huesos de aceituna carbonizados se usan como conservante de alimentos y como absorbeolores, pero carbonizados a 400 grados. No ensucia la cocina ni suelta chispas si se prepara un plato en la mesa del cliente. El ejemplo fue un lomo de ternera sumergido en tinte natural vegetal de hierbas carbonizadas y asado en huesos de aceituna. El rojo de la carne surgió imponente de la mina del plato.

Arena de Cigala

 

Pedro Subijana trae desde Akelarre creaciones con intensidad marina. Tres texturas, polvo, tierra y arena, hechas con el propio alimento: cigala, langosta y vieira. Las patas, cáscaras y cabezas así como el coral del molusco son -una vez picados, colados y tostados- piel y cuerpo falso que puede llegar a dar apariencia y consistencia de frito a lo crudo. Los juegos de sabor compiten con los juegos de colores. Las ‘tierras’ de alga, pimiento o tomate saben intensamente a su esencia.

Como se puede ver, también en el mundo de la gastronomía, cada vez más sofisticado, parece muy evidente el creciente interés por los procesos, que se convierten en verdaderos experimentos científicos; que dan lugar a resultados efímeros sorprendentes que tienen como objetivo deleitar nuestro paladar. ¡Qué suerte vivir en este país, que es para chuparse los dedos! Para los arquitectos también suerte y desgracia que los resultados de nuestra investigación no son nada efímeros, en la mayoría de los casos.

 

 

 

LA VULGARIDAD, UN RESPETO

Spencer Tunick

Desnudo colectivo en paisaje urbano. Spencer Tunick

Cuando los revolucionarios franceses cortaron la cabeza de Luis XIV a la voz de “libertad, igualdad y fraternidad”, guillotinaron también y rodaron por el cadalso los privilegios del Antiguo Régimen como trámite previo a la instauración ‘ex novo’ de un régimen basado en la igualdad, de la cual la libertad y la fraternidad , compañeras en la divisa revolucionaria, no son, en puridad, más que modalidades o secundarios modos de ser.

…pero la igualdad democrática exige la generalización (robótico) de esas libertades a todos exactamente en las mismas e intercambiables condiciones, creándose así una fraternidad que, históricamente, ha adoptado en Occidente la forma de las modernas sociedades de masas.

La abstracción colectivista de los elementos subjetivos de la personalidad conduce a la mediocridad moral y a la decadencia del ‘buen gusto’, en suma, a lo que los moralistas y los árbitros de la elegancia calificarían con displicencia de ‘vulgaridad’.

Warhol, según Ballard, es (fué) el Walt Disney de la era de las anfetaminas. “Las latas de sopa y las celebridades, los criminales y los disturbios racistas proyectados sobre seda, dejan a la vista la espeluznante banalidad del mundo que han creado las comunicaciones modernas.”

Lo suyo era el dinero y sobre todo la capacidad para gastarlo. Dice Warhol: “Me gusta el dinero en la pared. Supongamos que vas a comprar un cuadro de doscientos mil dólares. Creo que deberías coger ese dinero, atarlo y colgarlo en la pared. Así, cuando alguien te visitara, lo primero que vería sería el dinero en la pared.” ¿No es la misma actitud de Gehry cuando desea un pez o unos prismáticos? (automático)

 

Cómo ser alguien cuando nadie es nada, o todos somos ya todo (aunque sea durante quince minutos). Qué queda del individuo tras esa igualación aplastante es la pregunta de cada uno de los retratos de Warhol.

La igualdad en el consumo es la igualdad al consumirnos. Lo que nos diferencia no es nada comparado con todo lo que nos iguala: la nada misma.

Adorno apunta que “la autonomización (automático)  del aparato motor tras la disgregación del yo conduce a la repetición infinita (proliferación) de gestos o palabras; algo parecido se sabe que ocurre con quien ha sufrido un ‘shock’.  El tipo contemporáneo se caracteriza porque el yo está ausente en un esquema semejante al de los estados catatónicos, si bien es frecuente que se pase de la fosilización mental a una agitación exagerada, a rituales insensatos, en los que se sigue también el ritmo compulsivo de la repetición. (robótico)

Tocqueville profetizaba: “Veo una multitud innumerable de hombres ‘semejantes’ e ‘iguales’ que giran sin descanso sobre sí mismos para procurarse ‘pequeños’ y ‘vulgares’ placeres con los que llenan su alma.”

La masa en sentido moderno, nace con la implantación del servicio militar universal y obligatorio (automático). “La noción de masa, que va a ser la característica dominante de la civilización contemporánea, apareció así por primera vez. (Godechot).

Canetti denomina “masa abierta” (codificado) a aquella que, por contraste con la cerrada (automático), desea permanentemente incrementar su número (proliferación), dominada por una compulsión imparable a crecer: la transición de una cerrada a otra abierta se produce mediante el estallido.(blog)

Para Canetti “El fenómeno más importante que se produce en el interior de la masa es la descarga (punctum de Barthes = doctorado). Antes de ella, la masa no existe propiamente: sólo la descarga la constituye de verdad. Es el instante en el que todos los que forman parte de ella se deshacen de sus diferencias y se sienten ‘iguales’.”

El hombre ha llegado a un estado de libertad consumada.

No puede negarse que el producto de la liberación conlleva una ‘vulgarización’ (robótico-automático) generalizada del gusto y las costumbres. Es la vulgaridad la nota distintiva de la cultura democrática, que la singulariza de las anteriores proporcionándole a nuestra época una identidad propia y reconocible en el contexto de la historia de las ideas y de la cultura universal.

Pero nunca hasta ahora, en que se han borrado las fronteras entre cultura culta y la popular y han reventado todas las jerarquías sociales y estéticas, la vulgaridad se había convertido en norma suprema de comportamiento.

Ortega y Gasset en ‘La rebelión de las masas’:

Describe la universal vulgarización del mundo con ocasión del ascenso de las masas al dominio planetario. También acierta en definir al hombre democrático en cuanto hombre-masa, niño consentido saturado de derechos (pero ignorante de los sacrificios que ha costado su conquista), autoeximido de deberes y, al menos en parte, bárbaro y amoral.

Aunque luego profetiza que “se acerca el tiempo en que la sociedad, desde la política al arte, volverá a organizarse, según es debido, en dos órdenes o rangos: el de los hombres egregios y el de los hombres vulgares”. A diferencia de Tocqueville no comprende el carácter fatalmente irreversible de la igualdad democrática y de la cultura que emana. Sigue creyendo que la cultura reposa en una desigualdad natural de órdenes y rangos.

En ‘La deshumanización del arte’ dice:

“Bajo toda la vida contemporánea late una injusticia profunda e irritante: el falso supuesto de la igualdad real entre los hombres.”

Cada hombre es una diferente combinación de circunstancias naturales y sociales, y en su vida se observa también una pluralidad de méritos, realizaciones y resultados. Desde esta perspectiva, existe en la vida, en la naturaleza y en la sociedad, como es evidente, una rica desigualdad entre los hombres.

La cultura, desde el origen, ha elegido los criterios de la desigualdad con los que se han diferenciado entre grupos humanos sujetos a alguna forma de jerarquía.

La originalidad de la democracia es invertir por primera vez el anterior criterio y reducir esos elementos diferenciadores a un rango ‘accidental’, remitiéndolos al ámbito privado, que se constituye así en el reino de la diversidad, la diferencia y la particularidad individual, en tanto que en el ámbito público se deja en suspenso la diversidad humana de capacidades y méritos.

En esta suerte de anonimato universal, se establece como principio único el de la ‘esencial’ mismidad de todo hombre por el mero hecho de serlo, fundamentada en la común dignidad -inviolable, irrenunciable, imprescriptible- que todos los miembros de la condición humana comparten.

La reducción política del yo a una dimensión cuantitativa -”un hombre, un voto”-, en la conocida fórmula- se asegura el reconocimiento de la misma esencia a todo ser humano por igual, y ello de un modo incondicional.

Naturalmente, la indinstinción de este democrático “hombre sin atributos” sólo puede producir obras carentes de distinción y esto significa, como se comprueba cada día y cada hora, la liberación de una vulgaridad sin límites. (proliferación)

Pero el espectáculo de la presente vulgaridad no debe alimentar la nostalgia de una sociedad otra vez dividida en dos géneros de humanidad (certeza / duda), unas masas dóciles a la ejemplaridad de una autoproclamada minoría selecta (dogma).

Se trataría más bien de bendecir la rebeldía de las masas contemporáneas (lo posible).

No ha sabido destacarse hasta ahora hasta qué punto la ‘vulgaridad ambiente’ es el final de un largo y costoso proceso de refinamiento ético colectivo, de un nuevo humanismo, en suma, que se toma en serio y lleva hasta sus últimas consecuencias la universalización de los derechos de la subjetividad a todo ser humano.

“Lo característico del momento es que el alma vulgar, sabiéndose vulgar, tiene el denuedo de afirmar el derecho de la vulgaridad y lo impone dondequiera”.

Muchos análisis sobre el hombre-masa, ignoran la paradoja de la igualdad, y yerran cuando en sus descripciones rezumantes de desprecio y condescendencia ponen el acento sólo en el feo rostro de la vulgaridad, olvidando el genio, el buen sentido, el acierto, la virtuosa lucha por la igualdad y hasta la sofisticación moral de generaciones que la han hecho posible.

Ofendiendo el buen gusto se rinde a veces homenaje a la justicia del nuevo humanismo democrático.

 

Spencer Tunick 2

Desnudo colectivo en paisaje urbano. Spencer Tunick

El escrito aquí reproducido está extraído en su mayor parte de un breve ensayo de Javier Gomá Lanzón, Premio Nacional de Ensayo, que se titula de igual forma.

 

 

ESCRITO GENERADOR DE UNA PRÓXIMA ENTREGA. En seis palabras:

Historiador …. crítico ….. proliferación …. ‘journalist’ ….. arquitectura = fetiche.

 

Posible juego:  sustituir las palabras hombre, sociedad por arquitectura.

Aperitivo de lo decadente

Warhol

Fotografía  de la exposición ‘Warhol sobre Warhol’,  Casa Encendida,  Enero 2008

La vida es para Warhol algo horrible, por ello es la muerte el eje de la redención. Warhol es un artista de la desesperación, alguien que no confía en algo que fuera común, un experto en profilaxis. Las imágenes movidas, casi temblorosas, protegen frente al acelerado paso del tiempo. La detención es la estrategia warholiana; en un mundo de velocidad, él aparece como un secreto neoclásico, alguien que confía en los gestos congelados, en lo teatral, en lo deliberadamente decadente.

Si acaso hay alguna tragedia en Warhol será en reducir las imágenes a cadáveres, a ‘superstars’ crepusculares (automáticas). El mito es sometido a hibernación. “¿Qué es la vida? Te pones enfermo -anota en sus ‘Diarios’ con aparente frialdad- y te mueres. Eso es lo único que se puede hacer, estar lo más ocupado posible”. Warhol es un incansable; son raros los días en los que no trabaja (blog). Una jornada excepcional en la que hace el vago es porque se pone a pensar en las polillas de su alfombra. La imagen de lo que es devorado casi a traición paraliza a este artista, que retrata con la superficial despreocupación de un médico.

Warhol está ocupado para no pensar en la destrucción irremediable. El arte exorciza la catástrofe: Marylin contra las polillas.

Arquitectura contra decadencia …. ¿o con  decadencia?

Escrito generador de próxima entrega. En seis palabras:

arquitectura – ruina – decadente – posible – fetiche – codificado

Cuente su vida en seis palabras (versión legible)

Estaría bien empezar a trabajar en la tesis doctoral con seis palabras.  Es por otro lado una propuesta que anima a la revista electrónica Smith (www.smithmag.net), cuyo slogan es Todos tienen una historiaSmith promueve una batería de opciones ( proliferación ) para que sus lectores cuenten historias (algo así como nuestro blog), y el resultado de esta propuesta es una turbamulta narrativa ( Diccionario poseído ), profusa y confusa ( en lógica difusa: absorción y extensión ) que constituye el corpus de la revista. De esta forma, los miles de lectores que tiene Smith son los mismos que los miles de individuos que la escriben, o publican en ella sus dibujos y sus fotografías; una mecánica parecida a la que opera en proyectos en contínua evolución, como la wikipedia, o como el blog Automático, Robótico, Codificado, de momento, con decenas de lectores y escritores. La revista tiene una sección que se llama Memorias en seis palabras, como la que podría crearse a final de curso en nuestro blog, y que se llamaría: Tesis doctorales en seis palabras. Podríamos decir que es una joya electrónica de la autosuficiencia; en nuestro caso, además, joya doctoral autosuficiente. La idea nació de una historia mínima escrita por Heminway: “Rebaja: zapatos de bebé, sin estrenar”. Experimento que se ha convertido en un libro, no electrónico, con lomo y hojas, que ha alcanzado la lista de los más vendidos en The New York Times. Algo que constituye una curiosa paradoja: los autores de esta obra en movimiento permanente, que conjuga las vanguardias tecnológicas de la escritura, la hiperbrevedad del texto contemporáneo y el sentido plural y comunitario de la tribu cibernética, deciden capitalizar su triunfo en la Red publicando un libro,  y así, regresar al mundo clásico y estático del que habían escapado. El título, también en seis palabras, es un adelanto de lo que va a leerse: No es como lo había planeado (Lo que seguro afirmará José Ballesteros al final del curso). Algunas obras: “Asustado de morir, aterrorizado de vivir” “Intenten no pensar con demasiada intensidad” “Yo sigo haciendo café para dos” “Nacido en California, después nada pasó” Quiero terminar con el deseo de un gallego emigrante -¡que raro!- al que conocí en Semana Santa en Baeza, Jaen, mientras tomaba unas gambas y un mosto. Su deseo, de seis palabras, supone para mí, la mejor descripción que nunca he escuchado de la condición urbanita metropolitano madrileño:   “Quiero vivir encima de un Vips