Reality properties: fake estates

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A principios de los años 70, Gordon Matta-Clark descubre que la Ciudad de Nueva York subasta regularmente extrañas e inservibles parcelas resultado de anomalías en los procesos de gestión y urbanización del suelo.

Restricción de elementos

Matta-Clark compra 15 de estas parcelas (14 en Queens y 1 en Staten Island) por precios comprendidos entre los 25 y los 50 dólares.


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Desplazamiento de los límites de la disciplina

A partir de ese momento, se dedica a recopilar toda la documentación disponible sobre las parcelas: escrituras y otros documentos administrativos, reclamación de impuestos, descripciones propias de su estado, especies vegetales encontradas, fotografías, etc.


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Activación de la respuesta subjetiva en su contexto

Le interesa el hecho de que estas parcelas, a pesar de poder ser objeto de propiedad legal, como de hecho demuestra documentalmente, son en realidad inservibles, inhabitables o inaccesibles, y en algunos casos, incluso indefinibles, al no existir marcas que las limiten y haberse convertido de hecho en “terreno de nadie” para el vecindario.

“Buying them was my own take on the strangeness of existing property demarcation lines. Property is so all-pervasive. Everyone’s notion of ownership is determined by the use factor.” 

En una sociedad en la que el “sueño americano” hace de la propiedad del suelo un objetivo de vida y en una ciudad en la que este tema puede llegar a ser una obsesión, Matta-Clark ve en estas intervenciones una oportunidad para reconsiderar las nociones de propiedad del espacio y su relación con el uso, y los límites entre lo privado y lo público.

Matta-Clark murió en 1978 sin haber, según algunos, concluido su trabajo. Las “propiedades” y “estados”, “reales” o “falsos” quedaron en todo caso perfectamente documentados, así como algunas de las excursiones que el artista y sus amigos de Anarchitecture realizaron a estas parcelas, con el mismo espíritu trasgresor y jovial que sugiere el juego de palabras que da título a la obra.

Tras su muerte las parcelas volvieron a pertenecer a la Ciudad de Nueva York al no haber el artista pagado los impuestos por su propiedad. 

En el Día Internacional de los Museos

En un día como hoy, nada más oportuno que repasar las acciones de Santiago Sierra sobre este tema.

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En 1994, en la Galería Ángel Romero en Madrid coloca “86 módulos de soporte publicitario metálico de 300x80cm cada uno” completamente vacíos forrando todas las paredes de la sala.


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En 1999, en el Museo Rufino Tamayo en México D. F., contrata a “465 personas remuneradas”, mexicanos, varones, de entre 30 y 40 años, de entre 160 y 170cm de altura, de raza mestiza de amerindio y caucásico, para ocupar completamente el espacio de la sala (la cifra de 465 personas se obtiene considerando 5 personas por metro cuadrado), colocándose de pie de espaldas a los accesos durante tres horas. La contratación de estas personas se hizo a través de una agencia de personal, que incluyó en el grupo a los alumnos de una escuela preparatoria y sus profesores, la guardia presidencial mexicana, un batallón del ejército y amigos de la empresa, obteniendo supuestamente más beneficio económico del estrictamente comercial.


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En 2000, en la inauguración del Festival Internacional de Arte Contemporáneo de Pusan, en Corea, contrata a “68 personas remuneradas para permanecer bloqueando el acceso a un museo”, a los que paga 3000 wons/hora (unos 3 dólares/hora). Los trabajadores del museo cobran 12 dólares por jornadas muchas veces superiores a las 10 horas.


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En 2001, en la Galería Pancho Fierro en Lima (Perú) contrata a “430 personas remuneradas con 30 soles la hora”, para permanecer durante 4 horas de pie mirando de frente al público para el que se reserva un pasillo de 1 metro de ancho. Se trataba de mujeres del Programa Vaso de Leche, una asociación creada para canalizar el reparto de alimentos básicos entre las capas más desfavorecidas de la ciudad.


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En 2004, realiza el “Desmontaje de los cristales de un museo”, el de Dhondt-Dhaenens, en Deurle (Bélgica), además de desconectar el sistema de seguridad, incluidas las cámaras de vigilancia. La colección de arte tuvo que ser trasladada durante la acción.


En 2005, coloca en el acceso al Arsenal en la Bienal de Venecia “Altavoces”, que repiten ininterrumpidamente, en italiano e inglés, aspectos económicos, de gestión y organización de dicha Bienal, invitando al visitante a pedir explicaciones al personal de la muestra.

Más información en http://www.santiago-sierra.com/200502_1024.php



En todas estas acciones Sierra restringe al máximo el número de elementos utilizados y desplaza los límites de la disciplina hacia ámbitos propios del activismo político, la protesta ciudadana, los procesos de selección de personal, la publicidad, etc. de los que adopta los mecanismos de intervención.

Las acciones, que el artista reconoce explícitamente que forman parte del privilegiado mundo del arte (a pesar de que alguien podría pensar que han traspasado ese límite) tienen como objetivo activar la respuesta subjetiva del público, en relación con su contexto geográfico, político, social, económico, etc.:

“[…] Es por otra parte esta ausencia de moraleja una de las bases de mi trabajo. Lejos de cualquier Happy End que aclare la postura del autor, la obra goza de una mayor fuerza precisamente porque no resuelve nada y obliga al espectador a posicionarse por su cuenta, sin modelos.” 

En el Día Internacional de los Museos, encerrado en casa al abrigo de las oleadas de turistas de puente, me divierto imaginando estas acciones en museos de Madrid…

“Los durmientes”

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Desplazamiento de los límites de la disciplina

En 1979, Sophie Calle invita a 54 personas (en su mayor parte desconocidos que contacta a través de amigos comunes) a dormir en su cama en periodos consecutivos de ocho horas de duración. De ellos, 16 rechazan la invitación, por tener otros planes o por no estar de acuerdo con la iniciativa y 5 de ellos no acuden a la cita, alguno de los cuales es sustituido por la propia artista.

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Restricción de elementos

A los 28 que finalmente acuden, Calle les ofrece sábanas limpias, desayuno, comida o cena según el turno, les hace una serie de preguntas para establecer contacto de forma neutra y distante, y les fotografía, con intervalos de una hora.

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Activación de la respuesta subjetiva en su contexto

A pesar de su título (Les Dormeurs/The sleepers) lo que más le interesa a Calle no es el sueño en sí, sino todo lo que sucede antes, después y durante:

 “[…] A la 1:00 reciben a Bob Garison que toma el relevo. No se conocen. Mientras hablan, se levantan y se visten. Él mira a otro lado. […] No le gusta ser el único en la cama. Ve una relación del tipo doctor-paciente en la situación. […] Siente no haber traído su gato, al no encontrar a nadie en la cama cuando llega pues le gustan las coincidencias y las miradas furtivas. […] Le cuento mi proyecto. Le pido que se quede a dormir. Ella se preocupa. Le asusta que sea homosexual y que vaya a atacarla. Decide quedarse aunque rechaza la idea de ir a la cama. Llama al hombre con el que vive para pedirle su opinión. Él le da su permiso para quedarse. Ella se siente liberada por habérselo contado. Dice que esto la libera de toda responsabilidad. […] Me dice que ha venido porque creía que habría una orgía. […] Le habría gustado que el anterior se hubiera quedado más tiempo. […] Lo que le gusta del juego es que no te encuentras con casi nadie. Un juego de salón en la forma de una sociedad secreta. […]”   

De entre todas las actividades vitales, Calle elige la que probablemente sea la más natural, inconsciente e íntima: la de dormir. Y les pide, a unos desconocidos, en su mayor parte, que lo hagan en su propia cama, transgrediendo una convención social básica del uso del espacio privado.

Asiste al ritual, con el rigor del psicólogo que analiza los comportamientos humanos, y al mismo tiempo, con la implicación inherente a utilizar como escenario su propia cama, participar en la acción de forma continuada e involucrarse de forma activa (pasiva en este caso por la actividad en sí) en algunos turnos.

Le interesa “crear situaciones arbitrarias que toman la forma de un ritual”. Plantear unas mínimas reglas del juego y dejar que suceda lo inesperado. Activar las respuestas subjetivas de los participantes (y de los espectadores de la obra) en función de las particularidades de cada uno y el azar de los encuentros.

100 casas en 100 días

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Restricción de elementos

El colmo de la restricción de elementos es renunciar al encargo, sobre todo si es en tiempos de crisis y éste consiste en 100 viviendas unifamiliares de lujo de unos mil metros cuadrados cada una. Es lo que han hecho Herzog y de Meuron al seleccionar 100 jóvenes estudios emergentes de 29 países de todo el mundo para que se encarguen de proyectar, en 100 días, cada una de las 100 casas que el magnate chino Cai Jiang quería encargar al afamado estudio autor del “nido del pájaro” en Pekín.

  

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Desplazamiento de los límites de la disciplina

Para la coordinación de la iniciativa, los arquitectos suizos contaron con la colaboración del artista chino Ai Weiwei y de su empresa Fake Design (el nombre no podía ser más adecuado), conocido provocador que, como propuesta artística para la Documenta 12, invitó a 1001 chinos a asistir durante 100 días a la citada feria en Kassel. Demasiadas similitudes  para que no sea intencionado.

Los 100 estudios seleccionados fueron invitados recientemente a un congreso de 5 días de duración con jornadas de debate, presentación de proyectos, visita al emplazamiento y cena con karaoke. 

Durante el congreso, los participantes tuvieron la oportunidad de hacer propuestas, como la de limitar el uso de materiales o colores para dar mayor coherencia al conjunto, lo que fue rechazado por los organizadores. Lo que sí se acordó fue no utilizar elementos que delimiten las parcelas, de manera que exista mayor permeabilidad espacial entre ellas y las casas se comporten como volúmenes inmersos en un espacio común. En un entorno carente de cualquier preexistencia urbana la única estrategia de integración consistiría en asumir explícitamente el carácter competitivo de la iniciativa.

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Si bien todas las viviendas tienen en principio un programa común que incluye, además de las estancias domésticas habituales, habitaciones para el servicio, gimnasio y piscina, los organizadores han animado a los participantes a trabajar con toda libertad.  

Las maquetas de los proyectos más desarrollados pudieron ya colocarse en los huecos corespondientes en la maqueta general del conjunto y comprobar su integración en el entorno. Entre los proyectos presentados en la primera fase, había títulos como “Una casa con 100 habitaciones diferentes”, “Una casa para un narcisista”, “Un nuevo palacio Gourbi”, “Una casa sin distinción entre interior y exterior”, “Una casa con un corazón verde”, “Un monolito”, “Una casa de diferentes cajas macladas en una forma inestable”, “Una casa definida por la idea de materialidad holística”, “Una casa sin pedir nada de su entorno”, “Una casa excavada en una duna”, “Una montaña verde sobresaliendo en el desierto”, etc…

Si Aldo Rossi levantara la cabeza y viera como se las gastan sus alumnos suizos…

  

3000 huecos

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“3000 huecos de 180x50x50cm cada uno”, Santiago Sierra, Dehesa de Montenmedio, Vejer de la Frontera (Cádiz), 2002.

Restricción de elementos

En julio de 2002, en un terreno de la costa de Cádiz, Santiago Sierra excava 3000 huecos de 180x50x50cm en la tierra formando una trama regular, lo que a primera vista podría adscribirse al minimalista o al Land Art.


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“3000 huecos de 180x50x50cm cada uno”, Santiago Sierra, Dehesa de Montenmedio, Vejer de la Frontera (Cádiz), 2002.

Desplazamiento de los límites de la disciplina

Para llevar a cabo la acción se contratan entre 7 y 20 jornaleros al día, de origen africano, que perciben 54 euros por ocho horas de trabajo, tal como estipula la ley; y a un capataz español.


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“3000 huecos de 180x50x50cm cada uno”, Santiago Sierra, Dehesa de Montenmedio, Vejer de la Frontera (Cádiz), 2002.

Activación de la respuesta subjetiva en su contexto

El terreno elegido se encuentra a poca distancia de la costa, en un lugar de llegada habitual de inmigrantes ilegales, que en ocasiones fallecen en el intento. Los mismos inmigrantes que realizan el trabajo de excavar los huecos con dimensiones muy cercanas a las de un cuerpo humano. “Todos los repertorios materiales [de mi trabajo], sean coches, bancos o losas vienen siempre empleados en su calidad de contenedores del cuerpo humano o de las mercancías que este produce” afirmaba el artista en una entrevista. 

El valor de la obra reside no tanto en su materialización como en su capacidad de activar la respuesta subjetiva del espectador en relación con su contexto, en el sentido más amplio del término, tanto de la obra como del espectador.